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Cuando llegamos a destino, corriendo, corriendo, volvimos a alquilar un coche para ir al centro de la ciudad y buscar el sitio indicado en la carta que le entregó, a Jones, el conserje del anterior hotel.

 

Paseando por las calles no podía por menos que admirar, babeando, cada uno de los edificios, portales, plazas, etc. Jones no hacía más que incordiar para darme prisa en llegar, pero no tenía la más mínima idea de adónde ir.

 

-       ¡Pero si es muy fácil! Le puedo llevar a la misma baldosa donde puso el pie Buonarroti cuando dijo eso.

-       ¡Déjese de tonterías y de hacer fotos a todos los lados y vayamos al grano! Ya tendrá tiempo luego. ¡Primero es lo primero!

 

Sí, claro; y primero es siempre lo suyo. Me paré a pensar un poco; debía actualizar mis notas del kilometraje y añadir…me interrumpió el teléfono.

 

-       ¿Dónde estás? -era Bebita.

-       ¿Me echas de menos? -pregunté, bobalicón.

-       ¡Para nada! Pero es que aquí hay una factura de unos gastos que…

-       ¡Ya! ¡Ya! Ya lo hablaremos luego, cuando vuelva.

-       Pero es que…

-       Res! Res!1 Mira, te envío por WhatsApp la localización.

 

Colgué y así lo hice.

 

Jones me tiró de la solapa y me dijo que le indicara, cagandoleches, adónde había de ir.

 

Nuevamente el teléfono.

 

-       ¿Ya has visto donde estoy, floreta? -noté que se estaba riendo.

-       Ahora lo entiendo todo.

-       ¿Qué es lo que entiendes? -era yo quién no entendía nada.

-       La voz de idiota que pones…jejeje; ¡debes tener el síndrome de Stendhal!

-       ¡No tengo ningún síndrome de nada, yo!

-       Eso también me lo creo -y colgó.

 

Llegamos a sitio y le indiqué, a Jones, una baldosa.

 

-       Aquí es donde se pronunció la frasecita de marras.

 

Jones miró y admiró por todos los ángulos. Me pidió unos prismáticos que le di de la mochila que siempre llevaba.

 

-       ¿Ha visto que maravilla de cúpula que hay en…?

-       ¿¡Qué cúpula ni qué…!? Estoy buscando a mi cliente y no lo encuentro por ningún lado.

 

Se sacó el teléfono del bolsillo y miró si había algún mensaje o SMS, pero por la cara de asco que puso deduje que no había res de res.

 

-       Y ahora ¿qué hacemos? -me preguntó.

-       Y yo qué sé. Ud. manda.

 

Mientras decía esto noté unos toquecitos al hombro. Me giré y vi una pelirroja con pecas, trenzas y boina verde ladeada, mochila y zapatillas de deporte.

 

-       Ciao! Sei Mr. Jones?

-       Per te io sono quello che vuoi -le dije con un acento espantoso.

-       Pues tú no tienes acento galés ni inglés. Me dijeron que Jones era inglés.

-       ¡No! ¡Galés! -bramó Jones- y Jones soy yo. ¿Qué desea signorina?

-       ¡Ah! che peccato che non fosse l'altro! Bueno, ¡qué le vamos a hacer! Signore Jones, un individuo, hace un rato, me dio un mensaje para Ud. Dijo que no podía esperarle por más tiempo y que se tenía que ir; y que ya pasarían cuentas -Jones estaba como un tomate-. Me dio esta nota para Ud. y un buen billete.

-       ¿Qué billete?

-       ¿Y a Ud. que le importa? Era un billete que 200€.

-       ¡Ah! Perdone. ¿Y la nota? -se la dio.

 

“Mr. Jones, disculpe esta manera de dirigirme a Ud., pero es que aquí, en plena piazza no encuentro ningún sitio donde dejarle un mensaje o una nota y me he dejado el teléfono en el hotel. He encontrado a esta señorita que, muy amablemente, se ha comprometido a esperarle. Como puede suponer me ha surgido un problema que hace que tenga que desplazarme nuevamente. Le espero en la puerta de la iglesia donde pone la siguiente inscripción: Sva ostala stanja zlata, srebro i bakar, ali čudesno zaštićeni Sveti Vlaho netaknut je podignut iz plamena1. Está al principio del Stradun, muy cerca de la puerta de puerto. No tarde.”

 

-       ¡No entiendo nada! Ni sé qué idioma es ese -me dio la nota.

-       Pues yo tampoco, aunque tengo una ligera idea. Signorina! El hombre que le entregó esta nota, ¿le dijo de qué iglesia se trata? -le pregunté a la pelirroja.

-       Sí. Me dijo que era la iglesia de Sveti Vlaho.

-       Y eso… ¿en cristiano?

-       Sí. Sí. Sveti Vlaho era cristiano.

 

A Jones se le notaban la yugulares hinchadas.

 

-       Claro, claro, pero ¿qué significa Sveti Vlaho?

-       ¡Ah! ¡San Blas!

 

Cogí de la oreja a Jones y nos fuimos al aeropuerto.


 

(1)    Nada, nada.

(2)    Todas las demás estatuas de oro, plata y cobre ardieron, pero la de San Blas, protegida milagrosamente, fue sacada intacta de las llamas.