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El 24 de junio de 2026, Venezuela ha vivido uno de los desastres naturales más graves de su historia reciente. En apenas 39 segundos de diferencia, dos fuertes terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el norte del país, provocando el colapso de edificios, daños masivos en infraestructuras y una crisis humanitaria de gran magnitud. Los movimientos sísmicos fueron percibidos en gran parte del territorio nacional e incluso en países vecinos. Las ciudades de Caracas, La Guaira, Puerto Cabello, San Felipe y otras localidades cercanas al epicentro sufrieron los efectos más devastadores.
Eran aproximadamente las 18:04 horas, hora local, cuando un primer terremoto sorprendió a millones de venezolanos. Muchos habitantes apenas habían comenzado a evacuar edificios cuando, menos de un minuto después, un segundo sismo aún más potente golpeó la misma región. Las calles se llenaron de personas buscando refugio, mientras numerosos edificios sufrían daños estructurales o colapsaban por completo. El fenómeno fue tan inusual que los especialistas lo calificaron como un “doblete sísmico”, un evento extremadamente raro en el que dos terremotos importantes ocurren prácticamente de forma consecutiva.
Los dos sismos tuvieron su origen en una zona asociada a la falla de Boconó, una de las estructuras tectónicas más activas de Venezuela. El primer movimiento alcanzó una magnitud de 7,2 y el segundo 7,5. Debido a que ambos ocurrieron a poca profundidad, la energía liberada llegó con gran intensidad a la superficie, aumentando considerablemente los daños.
Los expertos señalaron que el segundo terremoto liberó una enorme cantidad de energía acumulada durante décadas, lo que explica la amplitud de la destrucción observada en numerosas localidades. Además, se registraron decenas de réplicas durante las horas posteriores al evento principal.
Según los datos oficiales disponibles hasta el 25 de junio de 2026, se habían confirmado al menos 164 fallecidos y alrededor de 971 heridos. Sin embargo, las autoridades y organismos internacionales advirtieron que estas cifras podrían aumentar significativamente a medida que avanzaran las labores de búsqueda y rescate.
Algunas estimaciones preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) indicaron que el número final de víctimas podría superar ampliamente el millar debido a la intensidad del terremoto y a la vulnerabilidad de muchas edificaciones afectadas.
Miles de personas quedaron sin hogar y numerosas familias tuvieron que refugiarse en centros de acogida temporales. La llegada de ayuda internacional resultó fundamental para proporcionar alimentos, agua potable, medicamentos y equipos especializados de rescate.
Hasta ahora, continúan las operaciones de rescate en las zonas más afectadas. Más de treinta réplicas han sido registradas desde el terremoto principal, manteniendo la preocupación entre la población y dificultando las tareas de búsqueda. Las autoridades venezolanas declararon el estado de emergencia y solicitaron cooperación internacional para enfrentar la crisis.
Los expertos consideran que este desastre podría convertirse en el terremoto más destructivo sufrido por Venezuela en más de un siglo. Además de las pérdidas humanas, se prevén importantes consecuencias económicas debido a los daños en viviendas, infraestructuras, servicios públicos y actividades productivas.
Aún sin terminar la Ayuda a Filipinas, Air Alandalus moviliza de nuevo sus pilotos y aviones para llevar la ayuda necesaria a la zona afectada. La ruta, con origen y destino propuestos por nuestro compañero Ramón Cutanda -ALZ657- evita llegar a Mqueitia por los daños sufridos ese aeropuerto.
Como siempre, la dirección de ALZ enviará 1€ a la Cruz Roja Internacional por cada piloto que termine el periplo.
¡Llenad los depósitos y bodegas!
